Arquitectura y alta gastronomía.
La arquitectura en sí es muy difícil de contar. Se pueden analizar ciertos aspectos y se pueden dar opiniones sobre otros, que además podrán ser más o menos subjetivas, pero la mayoría de las veces nos perdemos con largas frases con términos como permeabilidad, transparencia, homogeneidad y otras palabrejas que nos gusta usar para definir ciertos espacios.
Por este motivo, cuando os cuente cosas de arquitectura, voy a tratar de mezclarla con algo que nos guste a todos, para hacerlo más ameno. Como ejemplo de mi técnica de distracción para contar arquitectura y que os interese, he escogido el Centro Culinario Vasco en San Sebastián.
Arquitectura y alta gastronomía. ¿Qué os parece?
La arquitectura – al menos en España – pasó bruscamente de basarse casi totalmente en la funcionalidad y economía de medios a estar pseudo-obsesionada con la estética. Para mi es muy importante que haya equilibrio entre funcionalidad y estética, y este equilibrio debe de ir acompañado de un buen uso de los materiales y técnicas de construcción. Los dos primeros, funcionalidad y estética, ayudan a conseguir lo que toda arquitectura debería de tener como meta: hacer más disfrutable un espacio. Lo tercero, el usar un buen sistema de construcción, es para quitarnos dolores de cabeza en el futuro.
El edificio que quiero presentaros hoy es, para mi, uno de los mejores ejemplos de equilibrio entre una estética refinada, atrevida y sugerente, con una funcionalidad que permite al edificio cumplir bien las funciones que tenía asignadas y, además, asumir algunas que no estaban previstas anteriormente.
Me encanta cómo este edificio, con un claro objetivo socio-cultural está configurado de manera que los espacios individualmente son idóneos para el desarrollo de las actividades programadas, y el conjunto de los espacios favorecen que, ya fuera de nuestra actividad, se genere un intercambio de experiencias entre usuarios, empleados y gente que sólo pasaba por ahí.
La forma de U se desarrolla en torno a un área interior -patio- que queda como zona de paseo, relax, pero también de encuentros vibrantes y conversaciones interesantes.
Es un edificio didáctico, con cursos que abarcan desde la cata de vinos más básica hasta el Máster en Cocina Técnica y Producto, pasando por el Grado en Gastronomía y Artes Culinarias. Pero también es un centro de investigación I+D+I dotado con un más que generoso presupuesto para que nuestros chefs más influyentes sigan con su tarea de combinar en un menú una dieta sabrosa y saludable, pero distinta e impactante.
Cuenta con laboratorios, sala de estimulación sensorial, taller de prototipos, salas de cata, salas polivalentes un gran auditorio y otras instalaciones. Os invito a visitar su web para descubrir más acerca de las instalaciones, programas y la fundación.
El primer condicionante del proyecto es el lugar en que se ubica. Con una fuerte pendiente y con un entorno poco denso que sirve poco como referente. El edificio tiene que transmitir lo que en él hay. Tecnología, innovación. Si en gastronomía somos un país puntero, en la arquitectura que la contiene, también hemos de serlo.
Intentando integrarse y perturbar lo mínimo posible en el entorno, el edificio se adapta y aprovecha al máximo la pendiente del terreno, emergiendo de él con formas orgánicas que abrazan al patio ajardinado que articula todo el espacio y la actividad del centro.
Las cubiertas de los diferentes “anillos” que componen el edificio son 100% prácticas, al ser cubiertas ajardinadas, que regulan la temperatura del interior y protegen de los agentes externos. Integran visualmente al edificio en la naturaleza y devuelven el trozo de suelo robado. Pero además no son ajardinadas sin más. Están cultivadas con plantas aromáticas y especias que se utilizarán después en las cocinas y laboratorios.
El volumen exterior del edificio ha tomado como idea inicial una obra del artista Robert Terrien, que muestra una serie de platos apilados de forma desordenada. Como “no todo vale”, el equipo de VAUUM ha trabajado en hacer que esa imagen icónica de Terrien se transformara en un edificio “construible y usable”.
El interior funciona de forma mucho más ordenada y sencilla, con las comunicaciones verticales como elementos clave en la interacción entre las actividades docente, de investigación y de trabajo, dispuestas como tres módulos independientes en bandas horizontales.
Materiales con bajo coste de mantenimiento y larga esperanza de vida hacen que, bien combinados, el edificio no sólo sea muy atractivo ahora, sino que lo seguirá siendo mucho tiempo.
Además el edificio está orientado y pensado para aprovechar al máximo la energía y la luz solar.
Ya estamos a la cabeza tanto en gastronomía cono en arquitectura a nivel mundial.
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Un lugar increíble y un diseño arquitectónico espectacular